Las primeras gotas de lluvia caían apresuradamente por el lado del tejado, una espesa nube gris llenaba el cielo agotando los últimos resquicios de la luz del atardecer.
Sentí un estruendo y me arrimé a la pared; a los pocos segundos todo se iluminó por un resplandor blanco.
Al final de la calle se veía la silueta de aquél hombre, con abrigo largo y sombrero que me observaba. Todo estaba desierto, sentí miedo y crucé la calle rapidamente...